Lecciones de la crisis económica: Cómo se acaba la recesión pero se perpetúa la crisis por Jordi Franch Parella

Lecciones de la crisis económica: Cómo se acaba la recesión pero se perpetúa la crisis por Jordi Franch Parella
Titulo del libro : Lecciones de la crisis económica: Cómo se acaba la recesión pero se perpetúa la crisis
Fecha de lanzamiento : April 14, 2016
Autor : Jordi Franch Parella
Número de páginas : 150

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Jordi Franch Parella con Lecciones de la crisis económica: Cómo se acaba la recesión pero se perpetúa la crisis

Ocho años después de la Gran Recesión del 2008, el gobierno popular de Mariano Rajoy declara solemne y triunfante que la recesión se ha dejado definitivamente atrás, y que la crisis se puede dar finalmente por superada. Lo avalan unas cifras de crecimiento del PIB para el año 2015 del 3,2%. ¿Es realmente así? ¿El futuro se muestra por fin esperanzador? ¿Puede nuestra juventud vislumbrar un mañana mejor y menos deprimente? ¿Se podrán pagar las pensiones de los jubilados? ¿Se ha conseguido salvar el Estado del Bienestar? No tan rápido. En términos estadísticos sí se ha dejado atrás la recesión, entendida como dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo. De hecho, considerando las políticas monetarias (Quantitative Easing) que está llevando a cabo el Banco Central Europeo, siguiendo los pasos de su homólogo estadounidense, esto es relativamente sencillo. La compra de deuda pública por parte del banco emisor financia el gasto público, y el gasto público es un componente importante del PIB. Pero no se tiene en cuenta si este consumo público se canaliza a actividades productivas. Y tampoco se considera la enorme y muy peligrosa burbuja de deuda pública que se está generando. De hecho, ésta es la madre de todas las burbujas. Afecta a todos los ciudadanos de España, nacidos y no nacidos, especialmente los que pagan impuestos, y supone una carga para las generaciones futuras. Que el consumo haga volver el PIB al territorio positivo no significa, ni mucho menos, que se hayan superado los graves desequilibrios estructurales y que la crisis se haya superado. No. La crisis está aquí para quedarse. Una crisis fea y poliédrica que tiene muchas caras. La económica, pero también la política, la social y la moral. El consumo descansa en el endeudamiento. Y el endeudamiento exterior, así como la deuda pública, son los cuellos de botella que marcan ineludiblemente los límites de este crecimiento insostenible y desequilibrado. Hay que fomentar el ahorro y las exportaciones. Y hay que contener el consumo y las importaciones. El cambio de modelo productivo en España no se ha completado. Naturalmente que se ha desinflado la monstruosa burbuja inmobiliaria del 2008, pero no hay relevo a los motores económicos tradicionales de España. Más allá del turismo, sin que nadie pueda atribuirse el mérito del sol y la playa de nuestra geografía, el sector industrial sigue siendo irrelevante y los servicios generan un escaso valor añadido. La industria, dentro de la economía, no ha recuperado el peso que tenía antes del 2008, y los servicios, como los vinculados al comercio o los bares, quedan muy lejos de la vanguardia tecnológica.
Por otra parte, en términos de desempleo y falta de ocupación, los indicadores son aún más preocupantes. España sigue teniendo el dudoso honor de ser el primer país de la Unión Europea en cifras de paro juvenil. Más de la mitad de los jóvenes entre 16 y 25 años que buscan trabajo no lo encuentran. Mientras que a finales de 2007 habían 20.476.900 de ocupados, en el primer trimestre de 2015 la cifra era de sólo 16,8 millones. Si las cifras de paro y empleo no mejoran, de ninguna manera se puede hablar de recuperación.
Las relaciones de poder entre el Banco Central, el sector financiero y la clase política son profundamente escandalosas. Y la reacción de los políticos a la crisis, con el apoyo intelectual de la corriente dominante de economistas keynesianos y monetaristas, siempre suele apuntar en la misma dirección. Más gasto público y más estímulos monetarios. Las reformas estructurales cuestan mucho de concretar y mucho más de implementar. Se intenta, curiosamente, salir de la crisis aplicando las mismas recetas que nos han llevado a ella. Algo que desafía el más elemental sentido común.